INTRODUCCIÓN

Más que el nombre de un territorio, Honduras es un concepto geográfico, histórico, antropológico y cultural, dado que en esta extensión territorial se han desarrollado diversos grupos étnicos de lenguas diferentes, que crea­ron culturas distintas, si bien todas unidas entre sí por una concepción semejante del mundo y la vida que los llevó a identificarse en muchos aspectos, sean económicos, políticos o sociales, o en las múltiples creaciones culturales.

En el largo proceso de formación evolutiva del continente americano, una vez desprendido en procesos medidos en millones de años y separado por miles de kilómetros del continente originario llamado “Pangea”, la porción de tierra hoy conocida como América Central y por consiguiente el hondureño, fue la última en salir desde el fondo de los mares, formando lo que hoy conocemos desde el punto de vista territorial como “istmo centroamericano”.

Honduras como configuración geológica es bastante joven, esto hace que posea unas rocas excesivamente porosas y unos valles de aluvión que pueden ser erosionados con enorme facilidad por cualquier tormenta tropical, muestra de ello fue lo ocurrido en 1998 con el huracán y tormenta tropical “Mitch”, donde factores geológicos y humanos relacionados con la inestabilidad climática, geográfica, económica, emocional y cultural de los hondureños.

En cuanto a la inestabilidad climática observamos una peculiaridad en el hondureño sobre la percepción del tiempo atmosférico y es que sólo hablamos de “invierno” y de “verano” confusos, raras veces de primavera, salvo por lo que leemos en algunas poesías. En la mayoría de nuestra población el “invierno” es la temporada lluviosa típica del exuberante verano tropical, cuando en realidad en nuestro país llueve mayormente durante el verano que comienza como a finales de junio, y termina de llover, fuertemente, en la temporada de otoño, como a finales de octubre, que es el momento típico de los huracanes y tormentas.

Sin duda que todos estos elementos de la formación del territorio y sus bondades del clima, bosque y recursos hídricos, son temas plasmados en los petroglifos, pintura rupestre, códices, en papel de amate o piel de venado, en inscripciones esculpi­das en piedra o estuco, por los grupos humanos asentados en el actual territorio, modelando en diversos formatos y materiales el registro de su conciencia histórica, entre estos formatos  figura la escritura maya de Copán, que por ser la más evolucionada, no ha podido descifrarse por completo hasta nuestros días.

Conservar ese legado es precisamente lo esencial del Museo para la Identidad Nacional, este ofrece al visitante una imagen cultural de los antiguos indígenas hondureños, junto a una visión de sus descendientes que han mantenido vigente, en más de un sentido, la antigua concep­ción del territorio, su historia, su gente y su cultura.