La sociedad nacida de la conquista y la colonización será necesariamente compleja y diversa en sus estructuras sociales. Diversa porque su articulación será muy distinta en aquellas áreas donde las comunidades indígenas se extinguirán rápidamente o quedarán seriamente mermadas, abriendo camino rápidamente hacia el mestizaje, o en las que continuarán siendo la mayor parte de la población. Compleja porque en el nuevo orden se alternarán criterios de organización social propios de la sociedad estamental castellana y otros característicos de la sociedad de castas. Unos criterios que, además, se irán transformando cronológica y espacialmente en esas realidades plurales.
La pigmentocracia se agranda a medida que en los siglos XVII y XVIII se ensanchan las bandas del mestizaje biológico y social, y se tienden a organizar las castas conforme a esos criterios jerárquicos de carácter étnico. De la mezcla pura entre blancos e indios (el mestizo), o entre blancos y negros (el mulato), o entre indios y negros (el zambo), se deriva hacia una multitud de cruces entre todos esos elementos, de los que derivaría una sociedad de castas mucho más compleja, cuyos criterios de jerarquización serán bien diversos según las regiones.
