Según arquitectos expertos en el tema y colaboradores de La Guía de Arquitectura de Honduras, en nuestro país se dieron diferentes tipos de asentamiento dependiendo de su época de fundación, diseño urbano, localización y actividad característica; el trazado de retícula es el más representativo y aún puede apreciarse en el núcleo urbano original de ciudades como San Pedro Sula y Comayagua, fundadas en amplios valles como centros administrativos y comerciales. La ciudad de Gracias es una excepción, pues su parcelación corresponde a las primeras fundaciones hechas antes de las regulaciones urbanas establecidas en la ya mencionada ordenanza real.
La zona sur y oriental del país fueron lugares de enclaves ganaderos como Choluteca y Olancho donde predominaban las grandes fincas ubicadas en planicies y llanos aptos para el pastoreo. Mientras que en la zona minera comprendida entre los actuales departamentos de Francisco Morazán, El Paraíso y Choluteca, la topografía accidentada más el nacimiento espontáneo de los poblados y un crecimiento demográfico vertiginoso han dejado ciudades de trazado irregular donde la retícula se flexibiliza o desaparece.
Vivienda civil
La típica vivienda colonial estaba construida en adobe, dotada de uno o más patios interiores que además de proporcionar luz y ventilación a las diferentes dependencias o espacios de la casa, servían como espacios para huertas, jardines, corrales y otras áreas de servicio.
En la zona sur del país, especialmente en el municipio de Choluteca, se desarrolló una arquitectura de galerías exteriores en las que se abrían amplios ventanales resguardados por verjas de hierro forjado o balaustres de madera tallada. Estas galerías se caracterizaban por el empleo de pilares de madera tallada y por muchos años constituyeron el vestíbulo principal de las viviendas. También se generalizó el pintado de las paredes con cal por dentro y por fuera para dar mayor sensación de limpieza y claridad. Era poco común, en menor cantidad algunos poblados las familias acomodadas levantaban viviendas de dos niveles con balcones proyectándose hacia las calles principales para tener una vista privilegiada de las festividades y procesiones religiosas, estos últimos casos se presentaron con mayor fuerza en Yuscarán, Tegucigalpa y Comayagua.
La tipología religiosa en este periodo fue prácticamente dominada por el Barroco, que se había convertido en el estandarte ideológico de la contrarreforma en Europa ante el avance del protestantismo; pero no se trata de un estilo puro, como lo mencionó anteriormente la arquitecto Lagos manifestó que este estilo estaba influenciado también por creencias y motivos precolombinos que dieron lugar a un sincretismo religioso que pervive en la actualidad.
Los conventos establecidos en Honduras en este periodo pertenecieron principalmente a órdenes de los mercedarios y franciscanos. Las ermitas, que originalmente eran pequeñas iglesias o capillas construidas en parajes solitarios.
Si bien es cierto la presencia española en los territorios del litoral del norte se hizo sentir, las constantes incursiones de piratas, filibusteros e ingleses, especialmente en las islas de la Bahía, generaron unas construcciones de madera elevadas del terreno natural y con techos de palma de pendiente pronunciada que resguardaban los inmuebles de las copiosas precipitaciones pluviales y las inundaciones. Con la llegada de los primeros garífunas a la isla de Roatán el 12 de abril de 1797, se introdujo en Honduras un sistema constructivo propio de regiones insulares, con viviendas levantadas con materiales de origen vegetal como la yagua, la manaca y la caña brava, distribuidas longitudinalmente y atrás de los cocotales de la costa.











