La primer obra arquitectónica en infraestructura de comunicación que sirvió de puente entre Tegucigalpa y Comayagüela fue el Puente Mallol, previo a esta majestuosa obra arquitectónica, los pobladores para comunicarse en la estación seca lo hacían por las partes de menos escorrentías del cauce del río Grande o  Choluteca, estas condiciones se daban antes de llegar a la Poza del Tabacal entre el sector que conocemos como La Isla y la primera avenida a la altura de lo que hoy es la cuarta calle de Comayagüela.

Comayagüela iba creciendo en habitantes y comenzaron a levantarse casas especialmente a la ribera del río y en la llamada Calle Real, ruta que se utilizaba como salida hacia el sur para conectarse con los caminos que conducían hacia los poblados sureños de la provincia, por lo que se veía la necesidad de construir un puente para salvar el paso del río, decisión que adoptó el alcalde de la Villa don Narciso Mallol, comenzando la obra en 1818 una vez aprobados los planos diseñados por el arquitecto guatemalteco don Juan Bautista Jáuregui. El puente quedó concluido en 1821, bautizándole con el nombre de su propulsor “puente Mallol” fallecido en abril de ese año.

En cuanto a la pintura y otras manifestaciones artísticas de la plástica durante casi siete décadas del siglo XXI, se pueden resumir desde la escuela dejada por José Miguel Gomes, donde destacaran pintores como Manuel de Jesús Villafranca, con una de sus obras más importantes como es el “Retrato del presbítero Ramón Doblado” que se encuentra actualmente en la Iglesia Parroquial de la Villa de San Antonio, por la tendencia del pensamiento de influencia del liberalismo como doctrina ideológica, económica, política, social y cultural, el esquema totalmente religioso deja de tener vigencia parcialmente o por lo menos en algunos artistas quienes en sus obras reflejan una búsqueda del retrato psicológico y no esencialmente descriptivo.

Otros artistas se destacan, es el caso de Toribio Torres, quien además de pintar algunas obras de temas bíblicos, hace los retratos de varios obispos de Comayagua. Es autor de un cuadro de gran factura titulado “Las tres divinas personas”, actualmente en manos de particulares, por eso planteamos en el párrafo anterior que el tema religiosos sigue vigente y practicado por algunos artistas, lo que nos refleja esa tendencia que seguirá hasta nuestros días en cuanto a posiciones antagónicas de pensamiento para unos llamados conservador para otros de tendencia liberal.

La historia del arte del siglo XIX también registra a Toribio Jerez, si bien es scierto es de origen nicaragüense, este ejerce una notable influencia en la pintura hondureña de la segunda mitad siglo XIX, se especializó en el Retrato llegando a convertirse en un profesional del mismo, virtud que lo convirtió en uno de los más grandes retratistas del país. Entre sus obras más importantes están “Los obispos de Nicaragua”, conservados en la Sala Capitular de la Catedral de León. Esta colección mereció el elogio del norteamericano Squier hacia 1850 quien constató la variedad de los modelos de sus fisonomías y complexiones. Otros retratos importantes atribuidos a Jerez son los de “Tomasa Sinforosa Noguera de Fernández”, “J. de Castellón” y “Gertudiz Corral”, estos últimos de 1859 y pertenecientes a influyentes familias nicaragüenses.

Por las condiciones de inestabilidad política, los pintores iban de pueblo en pueblo, la mayoría contratados por personajes locales, sobre todos en las haciendas, donde los señores acaudalados se hacían pintar con su familia y a quienes los artistas cobraban por “cabeza pintada”; entre estos figuran un tal Larios, especialista en pintar niños; está también Francisco Cándido de Betancurt, quien según un artículo de Rafael Heliodoro Valle, fue contratado por la Municipalidad de Yoro para limpiar, retocar y arreglar los lienzos de “La Vida de Santiago” existentes en la Iglesia Parroquial.

Otro destacado pintor de la época es José Sotero Lazo, magnífico dibujante hondureño del cual dan referencia varias personalidades de la época, entre ellos Juan B. Valladares, William Wells y el mismo Padre José Trinidad Reyes.