Las primeras referencias escritas que conocemos acerca de las mani­festaciones pintadas o grabadas sobre rocas en territorio hondureño son realmente antiguas, de momentos históricos posteriores a la formación del Estado republicano, estas son hechas por viajeros, científicos y religiosos que recorrieron el territorio, y eran de carácter narrativo y anecdótico.

Una segunda etapa, pudiera ser, que los primeros en descifrar el significado de la pintura y grabados datan desde fines del siglo XIX. Entre ellos: Squier (1870) y Bancroft (1875), sin embargo, la primera publicación específica sobre arte rupestre de Honduras apareció en 1896 cuando William Farrington publicó un artículo en American Antiquarium. En 1927-28 y 1932 Conzemius describe arte rupestre de los llanos de la costa del Atlántico. Otros informes que se refieren a sitios a lo largo del país aparecieron en los años 1940 y 1950. Comprenden las publicaciones de Doris Stone del Peabody Museum y los artículos de Lunardi en revistas nacionales.

Y una tercera, son los trabajos publicados en breves textos en los años 1970 y 1980, sobre todo los de Roberto Reyes Mazzoni (1977), quien menciona un estudio del arte rupestre en Honduras central. Sin embargo, sus observaciones publicadas solamente se refieren al valle de Comayagua. Entre 1950 y 1980, el profesor Francisco Flores Andino armó para el Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH) un inventario de cuevas y de sitios de arte rupestre. Más recientemente Francisco Rodríguez Mota, Alejandro Figueroa y Ranferi Juárez Silva han tratado de establecer una clasificación de estas manifestaciones artísticas en Honduras.