El poder de los blancos tiene sus orígenes en el proceso de conquista. Los peninsulares cruzaron el Atlántico para mejorar su condición social. Lo que les movió fue, sobre todo, sus ansias de ascender en la pirámide social, que en su mayoría eran pertenecientes a los segundones dentro de la nobleza, es decir conformaban lo que era tercer estadio dentro de la piramide. En una sociedad de frontera como era las indias aspiraban a realizar su anhelo de convertirse en el Nuevo Mundo, en virtud de sus méritos de conquista, en lo mismo que los nobles y los señores de su tierra de origen. Al imponer su hegemonía por derecho de conquista, los primeros emigrantes y sus descendientes, en función de esa dominación, querían que la Corona revertirse a ellos un poder sobre los dominados que se asemejase al señor feudal sobre los vasallos. La primera elite social, que quería revertirse de aristocracia, a imagen y semejanza de la sociedad estamental en la que habían nacido, surgió de los que, como principales conquistadores, obtuvieron privilegios de la Corona, tales como tierra y encomiendas.


