El arte contemporáneo hondureño no está sostenido sobre bases sólidas, descansa en una política que bien podríamos llamar “política del sacrificio”. Como dice la doctora Olga Joya, “Los logros alcanzados por la pintura hondureña desde el siglo XX le han garantizado un espacio internacional, pese a que no ha gozado de una política estatal de apoyo sistematizado y promoción de trabajo. Los logros se han alcanzado con algunas iniciativas privadas principalmente en aspectos de promoción y difusión”[1]
En nuestro país todavía se lucha por afirmar este discurso en los receptores de obra, quienes hasta hace poco eran reacios a admitir los nuevos parámetros de artisticidad que nos propone el arte contemporáneo, aunque es evidente que en los últimos años, producto de los avances que hemos tenido, esta visión de los receptores se ha ampliado.
Estamos en un proceso incipiente que no permite hablar todavía de la existencia de corrientes en las artes visuales contemporáneas hondureñas. Además, hay que puntualizar que lo contemporáneo ni siquiera alcanza a ser un fenómeno cultural nacional, es más bien la expresión de un grupo de artistas que poco a poco y con extremas limitaciones de recursos han venido conformando nuestro discurso contemporáneo.
Nuestros artistas han indagado o experimentado en los diferentes géneros visuales: pintura, escultura, grabado, fotografía, video arte, instalaciones, pero, estamos hablando de géneros y no de corrientes.
Uno de los hechos históricos más destacables de finales de la década del 90 fue nuestra primera participación en la bienal más antigua del mundo, me refiero a la Bienal de Venecia del año 1999, el primer artista en participar fue Santos Arzú Quioto con la obra “Hora intermedia”
Dentro del grupo de artistas que se pueden llamar contemporáneos es necesario identificar a quienes se pueden considerar los precursores en los años 90: Bayardo Blandino y Santos Arzú. Otros nombres de singular importancia son: Regina Aguilar, Xenia Mejía y Alex Galo. Hay artistas que viniendo de dos o tres décadas atrás, han incursionado en propuestas contemporáneas, tal es el caso de Ezequiel Padilla, Víctor López y Armando Lara, aunque la mayoría de las veces, estos se han mantenido dentro de los códigos de la pintura, lo digo no para cuestionarlos sino para establecer los límites de su producción. Es importante destacar que Víctor López rompió esquemas en la Antología de las Artes plásticas al ganar el Premio Único con una instalación: Afganistaniñosnet.com en el año 2001. Hay también expresiones contemporáneas en la escultura, tal es el caso del trabajo de Jacob Grádiz y Alex Galo. Un grupo clave que marcó el ritmo del arte contemporáneo hondureño fue ARTERIA integrado por Leonardo Gonzáles, Fernando Cortés, Ernesto Rodezno (ya fallecido), Adán Vallecillo, Alejandro Durón y Johana Montero. Es lícito mencionar a los artistas organizados en el “Circulo” integrado por Darwin Andino, Allan Fabricio López, Jairo Bardales, Darwin Rodríguez y Lester Rodríguez; estos jóvenes inauguraron el 7 de marzo de 2002 su primera muestra centrada en rescatar el dibujo como género, el circulo postulo un arte provocador de fuerte incidencia social como la atestigua la obra “15 de septiembre” un performance polémico realizado en la movilización popular del 15 de septiembre de 2003.
Tal como se indicó líneas atrás, en la producción plástica contemporánea hay dos propuestas abren el camino: Epístola fragmentada de Bayardo Blandino, exhibida en octubre de 1995 en Galería Portales y Templo en Ruinas, de Santos Arzú, obra exhibida en noviembre del 95 en el Salón del Banco Atlántida con el patrocinio de Galería portales. En noviembre de 1996 Alex Galo nos sorprende con una serie de esculturas bajo el título Entrega donde destaca una obra en especial: Puntual. En 1997, bajo el proyecto general: Memoria fragmentada desde el centro de América, Blandino presenta Iconos de Resistencia y Arzú estructura Ofrenda y Sacrificio, muestra que fue exhibida en el Museo de Arte Contemporáneo de Santo Domingo, República Dominicana. Siempre en 1997, Alex Galo realiza lo que a mi juicio es la escultura más experimental de la década: El mito del eterno retorno expuesta en el VI Salón de Escultura y Cerámica del IHCI. Este mismo año Arzú expone en la Primera Bienal de Lima, Perú, uno de los proyectos artísticos más monumentales: Puntos Cardinales. El 6 Noviembre de 1997 Víctor López exhibe en Galería Portales el proyecto Rendijas de la memoria. En el año 98, Regina Aguilar exhibe Al Final. En 1999 sucede un hecho trascendental en la plástica hondureña: por primera vez participamos en la Bienal de Venecia, el artista es Santos Arzú, la obra es Hora Intermedia. Siempre en 1999, se exhibe en Italia el proyecto Tiempo y fragmentación dos categorías de la memoria con la participación de los artistas Víctor López, Alex Galo, Santos Arzú y Bayardo Blandino. En este mismo año Regina Aguilar concibe el proyecto instalacional Trangénica, eurogénica y Johanna Montero organiza la instalación Soy ese signo y Jacob Grádiz realiza una de las obras más emblemáticas en escultura: La conferencia: Hombre-varón y hembra: Racional e irracional. Armando Lara presenta en El Museo de arte Contemporáneo de Panamá lo que a mi criterio es su trabajo más contemporáneo o que, por lo menos, se acerca más a estas propuestas: Comunicación interrumpida. En el 2000 Leonardo Gonzáles gana el primer lugar de la Antología de las Artes Plásticas de Honduras con la obra Soledad urbana.
[1] Olga Joya, Justificación del proyecto “centro para las Artes”.
