Las primeras dos décadas de este siglo han sido productivas, hemos visto proyectos que se han movido entre la expresión de lenguajes que vienen de la tradición pero que han buscado renovarse en los lenguajes de la contemporaneidad, pero además hemos observado propuestas con un claro discurso contemporáneo en sus contenidos como en sus búsquedas formales. A continuación ofrecemos un perfil de estas propuestas y sus autores. 

En el 2001, la propuesta más intrépida fue realizada por el grupo ARTERIA con el proyecto ZIP (504) que participó en la Bienal de Cuenca, Ecuador, de ese año. En el año 2002 Lester Rodríguez gana la Antología de las Artes Visuales de Honduras con una pieza muy poética y a la vez muy contemporánea en su montaje, la pieza lleva por título “Lluvia”.

 En el año 2004 Celeste Ponce gana la Antología de las Artes Plásticas Y Visuales de Honduras con una instalación que ya ponía en evidencia la fuerza de los nuevos lenguajes me refiero a la pieza “Plaga Sos”; de igual manera, otra de las artistas que ha propuesto un arte trasgresor y muy contemporáneo en su lenguaje es Dina Lagos, su obra “Cariñositos y Mellizas con la que participo en la Bienal Hondureña de Artes Visuales del año 2008, es una muestra de ello, así mismo, su última exposición realizada el 28 de junio de 2017 en el Museo de la Identidad Nacional (MIN) bajo el título “La culpa es de la flor” evidencia una artista madura y consolidada en su trabajo artístico. En el año 2004 el Taller de Artes visuales “El Círculo realiza la muestra “in/fronteras” en El  Salvador; Una pieza de naturaleza contemporánea que no puede quedar sin mención en la primera década del siglo XXI es “100% catracho” realizada en el año 2004 por Gabriel Galeano que representa las cenizas de los privados de libertad que murieron quemados en una de las cárceles del país; en el año 2006, Adán Vallecillo cura el proyecto “Bloque de Nieve”, proyecto que es presentado en el Museo de Arte y Diseño Contemporáneo, en San José Costa Rica, en ese evento participaron los artistas Darwin Andino, Cesar Manzanares, Medardo Cardona, Fernando Cortés, Nerlin Fuentes, Alex Galo, Dina Lagos, Leonardo Gonzales, Alejandra Mejía, Hugo Ochoa, Celeste Ponce y Jorge Oquelí y Lester Rodríguez. Una pieza paradigmática de este siglo es la escultura “El destino del Objeto o rituales de transparencia” de Alex galo en la que experimenta con barro y vidrio, con esta pieza obtiene el Premio Único de la Antología de las Artes Plásticas y Visuales de Honduras del año 2006. Byron Mejía siendo pintor, incursiona en el arte objeto y produce una de las obras conceptuales mejor logradas en la década, la pieza se titula “Toys” realizada en el año 2006.  Adán Vallecillo sorprende en el año 2007 con la obra Placebo, una escultura con neumático y válvulas vulcanizadas, con esta pieza obtiene el premio único de la “Antología”. Una muestra trascendente en el año 2007 fue “Los errantes de Santos Arzú Quioto, una obra escenográfica de naturaleza abstracta.

 En el año 2008 un artista hondureño residente en panamá confirma su experiencia y calidad, nos referimos a Nahún Flores quien expone la obra “Maneras inofensivas de decir aquí estoy”.

Otros trabajos de gran valía en este siglo son la muestra de Lester Rodríguez “2000 barcos de combate” realizada para la 10 Bienal de la Habana, Cuba, celebrada en el año 2009; así mismo, en esa Bienal Adán Vallecillo participa con una de las obras más emblemáticas del arte contemporáneo hondureño, la obra se titula Cacérólica.

En el año 2013 Santos Arzú presenta la alfombra en el MIN, una obra monumental que es el preludio de “Sudarios y centinelas” que exhibió en el 2017 en La Galería Nacional de Arte y anticipa también la obra “El regreso de los errantes” que presentó en septiembre de 2017 en el marco del Proyecto “Tránsitos: entre la tradición y lo contemporáneo” realizado en el CAC. El proyecto tránsitos tiene la particularidad de haber reunido artistas de dos generaciones, la que comenzó a renovar la tradición en los años noventa y algunos artistas que han propuesto su trabajo con nuevos y diversos lenguajes artísticos en este siglo, bajo la curaduría de Carlos Lanza se reunieron artistas Armando Lara, Santos Arzú, Bayardo Blandino, Jorge Restrepo, Nahúm Flores, Regina Aguilar, Xenia Mejía, Celsa Flores, Alex Galo, Darvin Rodríguez, Samuel Erazo, Luis Landa, Byron Mejía y Miguel Romero..

Desde el año 2014, se da un hecho trascendente: la UNAH retoma su Bienal, las dos ediciones anteriores habían sido en 1989 y 1991, pasaron 23 años para que esta Universidad volviera a poner en marcha este evento, es así que en el año 2014 se realiza la III Bienal y en el año 2016 se desarrolla la IV bienal de la UNAH.

En esa misma perspectiva de las grandes exposiciones de finales de la segunda década del siglo XXI, podemos mencionar “La culpa es de la Flor” de Dina Lagos, un proyecto sólido, conceptualmente denso y muy contemporáneo; la exposición se desarrolló en el MIN y es junto a  al proyecto “Correo certificado primer aviso” de la española Pilar Leciñena y “Cada quien con su caja” de la nicaragüense Ana Granera, las mejores muestras del año 2017 presentadas en el “Museo para la identidad Nacional”

Sin duda el Taller que más incidencia tuvo en la primera década del siglo XX1 fue “La Cuartería” que después pasó a llamarse ARTERIA. Su incidencia fue nacional y centroamericana, con repercusiones incluso en el Cono Sur.

El siglo XXI también fue testigo de la participación hondureña en las bienales centroamericanas, fuimos representados por artistas como Armando Lara, Santos Arzú, Ezequiel Padilla, Víctor López, Byron Mejía, Celsa Flores, Regina Aguilar, Adán Vallecillo, Guillermo Machi, Lester Rodríguez, Leonardo González, entre otros.

A principios del siglo XXI  y a finales del mismo, ha aparecido artistas de notable importancia como Gabriel Vallecillo con el video arte, Dilcia Cortés en la fotografía, Adonay Navarro, Darío Rivera, Katia Munguía y Miguel Romero en la escultura y cerámica, Darvin Rodríguez, Federico Rosa, Luis Landa y Samuel Erazo en la pintura y el dibujo.

Los proyectos curatoriales “Rumbo 5”, de Ramón Caballero (2015), “La huella del arte Abstracto” de Leonardo González (2016) y “Tránsitos: entre la tradición y lo contemporáneo”, Carlos Lanza (2017), muestran que en el siglo XXI se empieza a reconocer el rol de la curaduría, aunque este proceso aún presenta obstáculos determinados por la ausencia de una cultura curatorial en el medio.