En la etapa colonial de la provincia de Honduras el primer foco cultural por su posición de sede de la Audiencia de los Confines fue Gracias a Dios. Esta situación duró un período y su capacidad de influencia se desarrolló sobre todo como centro de información y comunicación del Reino de Guatemala. 

Posteriormente Comayagua se convirtió en el centro político más importante de la provincia al ser erigida Capital. Su jurisdicción alcanzó una comprensión geográfica de lo que hoy son los departamentos centro-norte y sud-occidentales del país. Más tarde, se forma la ciudad de Tegucigalpa, se convierte en alcaldía mayor cuya comprensión abarca la Villa de Jerez de la Choluteca,  llegando sus límites hasta la Nueva Segovia,  hoy Nicaragua.

Lo que pretende dejarse claro es que Tegucigalpa y Comayagua fueron los principales focos de concentración cultural e influyeron en los acontecimientos desarrollados en el período colonial así como en las manifestaciones artísticas signadas por el espíritu religioso de la época.

En el plano estrictamente de las artes visuales, y específicamente en lo relativo a la pintura, Comayagua desarrolla una política que doña Leticia de Oyuela define como de “compra” de bienes culturales pues muchas de las obras por su factura denotan que son importadas, esto se explica por el hecho de que gran parte de esta producción artística fue donada por particulares; algunas de ellas son magníficas copias y otras, invenciones afortunadas de los pintores locales.

Un fenómeno significativo de la producción plástica nacional es la gran cantidad de pintura anónima en manos de familias que la utilizaban con fines didácticos a fin de explicar a otros sus ideas religiosas o, con el afán de interiorizar sus propias visiones místicas; la imaginería se convirtió así en una corriente pictórica con mucha fuerza, postulando para la época un discurso iconográfico solvente.

La pintura de “evangelización” fue lo central del período, este tipo de pintura corresponde a los finales del siglo XVI, XVII y aún XVIII desarrollada en las zonas apartadas y muy pobres. Su planteamiento principal es la comunicación de un mensaje bíblico; su elaboración es simple, muchas de esas pinturas realizadas sobre tabla no llevan preparación previa, su importancia reside en la eficacia del mensaje que se quiere transmitir. Un ejemplo de esta pintura es el lienzo de “La Santísima Trinidad”, ubicado en el Museo de Arte Religioso de Comayagua; en él se aprecia la identidad de las tres divinas personas en blanco, rojo y azul, con las correspondientes simbologías que hablan del mundo precolombino como ser el sol, el cordero y las palmas.